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“Sorprendentemente, Beijing confió en la capacidad del gobierno de Hong Kong para lidiar con los manifestantes”, agregó. “Sin embargo, cuando se llevaron a cabo las segundas protestas masivas en 2019, el liderazgo comunista decidió abordar directamente los problemas de Hong Kong para eliminar las fuentes de acción colectiva como la representación democrática, las redes civiles y los sistemas educativos”.

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